Zatapathique • 28 nov 2025 • 4 min de lectura • 655 palabras
Si hubiere Hubiere bajao el pasaje yo hubiera llegao temprano. Pero aquí tamo, tra depué del desacato entrando el aparato al circo sin boleta.
Tiento al tieto e Martín en la jabonera con una uña mal cortá.
—Zapote, dame tierra
No da indicio.
—Coma, toso, jarto deta vaina, deme tierra
Conságrame batunco, remolonéame la sopa con tu dicolai antiguo, análogo, de manivela con el ánimo del sopeteo de un locrio salao que se le apareció en el cementerio a la sirvienta de don Yoryi Zapatel.
—Martín del señor parido, demolido por los remolino, dame tierra que ando entre lo muerto má que con lo vivo
Salitre en los huesos de las viejas madres de los políticos que auspician el crimen que se organiza en tu patio.
—¿Cómo me aterrizo?
Salitre que descacara los chasis de los dealers que se levan con el agua cagada del Malecón.
—Hector Páredon me llamó anoche, que se le había quedao el trapo de pulí la caja e muerto en la equina de mi puerta que se quedó abierta.
Pulí, como todos le decían, Pulí la caja e muerto. Se acomodó en los cojines olorosos a chismes que por reflejo los dichosos sueltan postmortem. Dicen que quien guinda afloja, tanto la cartera a los herederos como la última mierda, la mierda final, eso sí es cosa de importancia severa, concomitante incluso con las ideas que tuvo el Flaco Angulo, que tenía una novia incluso angula, la culo e pollo le decían, aún yo le digo así. Una vez Francisco se lo iba a mamar, el culo le iba a mamar, pero le jedía a miao y ya tu te puede imaginar.
Bueno, para no cansar al tuerto, recuento los sucesos habidos y por haber, e incluso los que nunca habrán de ser contados, pero aquí cayeron, a mi lado, como una culebra latigueando la barriga de una que cree que está preñada pero es un tumor de mal de amor que lleva desde que nació, y le va creciendo al mismo tiempo que la sonrisa se instala en las esquinas de las quijadas de los bailarines en la tienda del sótano después del peaje de la carretera que te devuelve al punto de partida, como la que le dieron a Chepe cuando no quiso soltar la pasola, y después que la desgüesaron anda la pasola en pena por la España, que ella le llama la Españá, atracando fantasmas. El gobierno mando a matar par de cabos a ver si la agarran en el más allá, pero se quedaron oliendo un ramo e flores en la cómoda de Pepita, la gran brillante, la que vende asopao todos los domingos después que terminan de tirarles fotos a los cadáveres para la revista Sucesos los periodistas desgonzadores.
Rosita, la mai de Tiego, no me pregunten, así fue que salió en el acta, y nadie ta claro si fue sin querer maldad pero con alevosía que le dieron al Topo, brincando valla en la javilla, con una niquelada en la batata y dos kilos en la pterodáctila.
Jojojo, sobrino tuyo ese hijo de tu hermano, de parte de padre y madre, pero con abuelos divorciados con los que del otro tuvieron al engendro fiel, el muchacho que le hace mandaos al Presidente, ese mismo, Yoryi, Jorjito, o incluso Cachuterro como le dicen los travestis del goviernoment.
Yoryi Antaño, sin haber podido visto, el reumatismo hecho filete, con el tumbao de un pavo recién descocotado, le sancocha tremenda tabasnada a Fulgencio ataviado en el ataúd. A lo que retorta el asesino del difunto que encabeza la predica del velorio:
—Coño Antaño, pero y quién ha visto esa sinvergüenzada
Abre los ojos y se levanta Fulgencio como por diligencia y sin empeño porque ya empeño el alma:
—Nada más un cegato cagao como ese pedazo e ñema con cédula
Y ahí se fue abajo la funeraria, se derritió con berrón y alcanforado, agua bendita y florida